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El papa Francisco en brazos del Padre

Con profunda tristeza, pero también con una inmensa gratitud, nos unimos a la Iglesia universal en oración por el fallecimiento del Papa Francisco, un pastor que ha tocado el corazón de todos, especialmente el de los más pequeños, las familias, los jóvenes, los educadores y los más necesitados.

En nuestra comunidad educativa, su mensaje ha sido faro y guía: acercándose a los niños con la sonrisa sencilla de quien se sabe uno más entre ellos; animando a los jóvenes a no dejarse robar la esperanza, les dijo “Hagan lío, no tengan miedo, ¡Jesús camina con ustedes!”; recordando a las familias que son «el primer lugar donde se aprende a amar»; y a nosotros, los educadores, nos regaló palabras que resuenan con fuerza: «Educar es un acto de amor, es dar vida».

Su cercanía también ha sido un regalo para nuestra familia calasancia. Acompañamos la canonización del Padre Faustino Míguez en 2017, donde el Papa Francisco nos dejó claro que la santidad también camina en zapatillas, en medio del aula, entre libros y juegos, con los niños y jóvenes, con la mujer, con los enfermos y empobrecidos… Esa misma cercanía la sentimos en la última Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa, en la que vibramos con sus palabras, reímos con sus gestos y oramos con él. ¡Hay lugar para todos! Todos juntos, cada uno, en su lengua repita conmigo: Todos, todos, todos” fue una de las muchas claves que allí nos ofreció.

Hoy nos duele su partida, pero el papa Francisco con su testimonio nos deja llenos de esperanza y comprometidos con el Evangelio. Ayer mismo lo proclamaba en la bendición “Urbi et Orbi” en el Domingo de Resurrección: “Sí, la resurrección de Jesús es el fundamento de la esperanza; a partir de este acontecimiento, esperar ya no es una ilusión. No; gracias a Cristo crucificado y resucitado, la esperanza no defrauda. ¡Spes non confundit (cf. Rm 5,5)! Y no es una esperanza evasiva, sino comprometida; no es alienante, sino que nos responsabiliza.

Los que esperan en Dios ponen sus frágiles manos en su mano grande y fuerte, se dejan levantar y comienzan a caminar; junto con Jesús resucitado se convierten en peregrinos de esperanza, testigos de la victoria del Amor, de la potencia desarmada de la Vida.”

Descansa en paz, querido Papa Francisco. Gracias por tanto. Seguiremos sembrando, como tú nos enseñaste, con alegría, con fe, y con esperanza.

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